La ESA programó que su sonda Juice, destinada a estudiar Júpiter y sus lunas heladas, se acercase a la Tierra el 28 de septiembre de 2026. No vuelve para investigar nuestro planeta como objetivo principal: aprovecha su gravedad para corregir dirección y velocidad en el camino a Júpiter. Esta pieza explica el plan publicado antes del encuentro; no presenta el sobrevuelo como éxito confirmado.
El encuentro previsto, con cifras que aún son previsiones
La ESA situó la máxima aproximación sobre el océano Índico a las 13:45, hora de verano de Europa Central, a unos 8.640 km. Según su previsión, la trayectoria cambiaría alrededor de 20 grados y la velocidad aumentaría unos 3,5 km/s. Son valores esperados en el comunicado previo, no resultados medidos que ya podamos certificar.
La asistencia gravitatoria funciona porque la sonda llega a un planeta en movimiento y se marcha por otra dirección. Visto desde el Sol, ese intercambio puede modificar la energía orbital de la nave. Por eso un viaje interplanetario no se resuelve dibujando una línea recta de la Tierra a Júpiter. Un simulador del sistema solar permite ver cómo se mueven ambos planetas; no debe confundirse con un seguimiento exacto y en directo de Juice.
Por qué da tantos rodeos
Juice salió en abril de 2023. Antes de este paso ya había aprovechado encuentros con la Luna y la Tierra y con Venus. La maniobra de 2026 prepararía otra visita terrestre en enero de 2029 y la llegada a Júpiter prevista para julio de 2031. Más adelante, el plan de la misión incluye entrar en órbita alrededor de Ganímedes en 2034.
La alternativa de ir directamente a Júpiter y frenar allí exigiría, según la ESA, una cantidad enorme de combustible. Los encuentros planetarios ayudan a cambiar la órbita solar de la sonda y a reservar propelente para las operaciones científicas posteriores. Eso no convierte el viaje en automático: acertar con el momento y el punto de paso sigue siendo imprescindible.
También es un ensayo científico
Los diez instrumentos de Juice tenían previsto tomar datos de la Tierra y la Luna entre el 23 de septiembre y el 3 de octubre. Trabajar con objetivos cercanos permite calibrar equipos y ensayar el análisis antes de llegar a las lunas de Júpiter. La cámara de navegación debía apuntar al horizonte lunar para probar una técnica de guiado óptico.
El equipo también preparó el periodo en que la sonda atravesaría la sombra terrestre, funcionando con baterías, y esperaba obtener medidas en la cola del campo magnético de la Tierra. Son objetivos del plan de operaciones, no pruebas de que todos los datos ya se hayan recogido con éxito.
Cómo sabremos qué ocurrió realmente
Para conocer el resultado habrá que consultar la comunicación posterior de la ESA: la distancia real de paso, el estado de la nave y la calidad de los datos científicos. Hasta entonces, la noticia valiosa no es anunciar un éxito antes de tiempo, sino entender por qué la Tierra sirve de impulso y de curva en una ruta que terminará mucho más lejos.
Las imágenes que acompañan el artículo son ilustraciones conceptuales generadas con IA, no fotografías de la ESA ni diagramas de la misión a escala.