El mínimo estival del hielo marino del Ártico en 2026 fue de 4,6 millones de kilómetros cuadrados. Ese resultado empató con varios años como el décimo más bajo del registro satelital. Para entender qué significa, conviene mirar también el máximo invernal y la secuencia de años, no solo una cifra de septiembre.
La diferencia entre una marca anual y una tendencia larga es la clave. El puesto de 2026 responde a una pregunta concreta —cómo se compara este mínimo con los demás—, mientras que la serie completa permite observar cómo cambia la cobertura a lo largo del tiempo.
¿Qué significa el mínimo anual del hielo ártico?
El hielo marino se extiende durante el largo invierno polar y suele alcanzar su máximo en marzo. Después se reduce durante el verano y llega a su mínimo anual en septiembre. Esa alternancia forma parte del ciclo natural del hielo y, según la NASA, se mantiene desde hace milenios.
En 2026, el mínimo llegó el 12 de septiembre. La NASA y el Centro Nacional de Datos sobre Nieve y Hielo de Estados Unidos estimaron una extensión de 4,6 millones de kilómetros cuadrados, equivalentes a 1,78 millones de millas cuadradas. El resultado empató con 2008, 2010 y 2025 como el décimo mínimo más bajo del registro satelital.
| Comparación | Dato comunicado por la NASA | Qué aporta | |---|---|---| | Mínimo estival de 2026 | 12 de septiembre; 4,6 millones de km² | La extensión cubierta por hielo en el punto más bajo del ciclo | | Puesto en el registro | Empatado en el décimo mínimo más bajo | La comparación de este año con la serie satelital | | Mínimo más bajo | Septiembre de 2012 | El récord no corresponde al resultado de 2026 | | Veranos recientes | Todos los veranos de 2007 a 2026 están entre los 20 mínimos más bajos | El contexto que rodea a cada año | | Máximo invernal de 2026 | Marzo empató estadísticamente con 2025, el máximo más bajo del registro | El otro extremo del ciclo anual |
¿Estar en el puesto diez significa que la pérdida se ha frenado?
No. La clasificación sitúa el resultado de un año frente a otros, pero no resume por sí sola la evolución de varias décadas. La NASA indica que, según los satélites, hoy hay menos hielo tanto en el máximo anual como en el mínimo que hace unas décadas. También señala que el descenso general se aceleró en la década de 2000.
La extensión mínima de septiembre se ha mantenido relativamente estable en años recientes, según la NASA. El tiempo puede influir en cuánto hielo se derrite de un verano a otro. La agencia cita el aumento de la nubosidad durante la última década como un factor que ha impedido que la luz solar acelere el deshielo. Una variación anual menos marcada no borra la tendencia de largo plazo ni demuestra que haya terminado.
Por eso ayuda leer dos escalas a la vez. El empate de 2026 describe el resultado de esta temporada; los puestos bajos repetidos y la comparación histórica muestran el contexto más amplio.
¿Por qué importa también el máximo de invierno?
El mínimo de septiembre es solo uno de los extremos del ciclo. La NASA informa de que el máximo de marzo de 2026 empató estadísticamente con el de 2025, que fue el más bajo del registro satelital. Incluir el máximo evita contar la historia del hielo ártico únicamente a partir de su retroceso veraniego.
También importa qué hielo permanece. La NASA describe una disminución del hielo multianual, es decir, el que sobrevive al menos a una temporada de deshielo. En el Ártico predomina ahora el hielo de primer año, que es más fino. Esa información aporta otra dimensión: la extensión no es el único aspecto que cambia en la cubierta de hielo.
¿Cómo pueden observarlo los satélites cuando hay nubes?
Para medir la extensión, los satélites usan sensores de microondas pasivas, que registran la energía de microondas emitida de forma natural por la Tierra. El hielo emite más de esa energía que el agua abierta, así que puede distinguirse en las observaciones. Como las microondas atraviesan las nubes, las mediciones pueden repetirse con regularidad aunque el cielo esté cubierto.
El registro comenzó en 1978 con datos del satélite Nimbus-7 de la NASA. Después se incorporaron observaciones de otros programas y, a partir de 2025, los científicos empezaron a utilizar datos del satélite japonés GCOM-W. Hay una limitación cartográfica: en el centro aparece un “agujero polar”, una zona donde históricamente los sensores no podían recoger datos. Las estimaciones suponen que esa zona está cubierta de hielo.
¿Qué nos deja claro el mínimo de 2026?
El mínimo es una instantánea útil, pero se interpreta mejor junto con el ciclo estacional, los mínimos de veranos anteriores, el cambio en la edad y el grosor del hielo y el registro de máximos invernales. La NASA explica que la variabilidad natural influye, aunque no basta para explicar por sí sola el descenso observado durante el registro satelital; esa variabilidad y el aumento de las temperaturas globales han contribuido conjuntamente a derretir más hielo marino ártico.
Para seguir la comparación, abre los mapas de septiembre y marzo de la serie de hielo marino ártico de la NASA. Primero observa cómo cambia el contorno entre estaciones y luego compara cada año con el conjunto del registro.